El 20 de abril de 2024, una estudiante de secundaria de 18 años a la que llamaremos Taylor* circulaba por un cruce en el condado de Comal, Texas, cuando otro conductor se saltó un semáforo en rojo y chocó violentamente contra el lado del conductor de su vehículo.
El impacto fue muy fuerte. El vehículo de Taylor sufrió una deformación de unos 60 centímetros en el lado del conductor. Es probable que los airbags, incluidos los de la puerta y la ventanilla del lado del conductor, le hayan salvado la vida.
Taylor quedó inconsciente en el lugar del accidente y fue trasladada en ambulancia al hospital. Sufrió untraumatismo craneoencefálico levey una fractura en la parte proximal del peroné izquierdo.
Aunque la fractura no requirió intervención quirúrgica en un primer momento, supuso el inicio de una recuperación larga y difícil.
Sus gastos médicos ascendieron a solo 23 600 dólares, una cifra muy baja en comparación con muchos casos de lesiones graves. La compañía de seguros se centró en gran medida en esa cifra y, en un principio, ofreció solo 40 000 dólares para llegar a un acuerdo.
Teniendo en cuenta principalmente las facturas médicas, el caso podría haberse considerado fácilmente como una reclamación por un importe que no superara los 75 000 dólares aproximadamente.
Pero cuandoTom Crosleyrevisó el expediente, se dio cuenta de que las lesiones de Taylor habían tenido consecuencias que iban mucho más allá de los gastos médicos. En estrecha colaboración conMadison Schultz, abogada del bufete Crosley Law, Tom se hizo cargo del caso, presentó una demanda y elaboró una estrategia para sacar a la luz toda la verdad.
El caso se resolvió finalmente con un acuerdo de 1,25 millones de dólares.
*Los nombres se han cambiado para proteger la privacidad.
Una investigación más exhaustiva sacó a la luz la verdad
A primera vista, el caso parecía tratarse de un accidente en un cruce en el que había desacuerdo. El acusado alegó que era un conductor prudente que respetaba las normas de tráfico.
Las pruebas contaban una historia diferente.
El bufete Crosley Law recabó múltiples fuentes de prueba, entre las que se incluyen testimonios de testigos presenciales, registros de la secuencia de los semáforos, reconstrucción del accidente, pruebas procedentes de las redes sociales, análisis forense de teléfonos móviles y pruebas documentales.
La investigación sacó a la luz unas publicaciones en redes sociales que planteaban serias dudas sobre los hábitos de conducción y la credibilidad del acusado. En un vídeo, el acusado parecía grabarse a sí mismo conduciendo una motocicleta a más de 210 km/h por la noche, mientras enfocaba el velocímetro. En otra publicación, se describía a sí mismo como un «adicto a la adrenalina» y bromeaba diciendo que no podía «quitar el pie del acelerador» ni «encontrar los frenos».
Esas publicaciones contradecían la imagen que el acusado había dado durante su declaración.
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Las pruebas del teléfono móvil demostraron que el acusado tenía prisa
El bufete Crosley Law contrató a un experto forense en teléfonos móviles para extraer datos del teléfono del acusado.
Los mensajes de texto descargados, intercambiados poco antes de la colisión, revelaban la necesidad de darse prisa para llegar a tiempo al lugar de acampada. En uno de ellos, un pasajero escribió que la hora de llegada «dependería de si él seguía conduciendo a exceso de velocidad o no».
Estas pruebas ayudaron a esclarecer lo que ocurrió en los minutos previos al accidente.
Los testigos presenciales y la reconstrucción del accidente reforzaron el caso
Dos testigos oculares independientes se encontraban detenidos justo detrás de Taylor en el cruce. Ambos declararon que Taylor esperó varios segundos después de que su semáforo se pusiera en verde antes de entrar en el cruce. Ambos confirmaron que el semáforo de la acusada ya llevaba varios segundos en rojo antes de la colisión.
Los testigos también declararon que el acusado no frenó y parecía distraído justo antes del choque.
Las pruebas de la reconstrucción del accidente respaldaron su testimonio. El análisis indicó que el acusado circulaba a una velocidad de entre 95 y 110 km/h en el momento del impacto y que probablemente había entrado en el cruce más de 12 segundos después de que su semáforo se pusiera en rojo.
El caso ya no era una simple disputa rutinaria sobre quién tenía prioridad de paso. Las pruebas apuntaban a un exceso de velocidad, distracción, falta de atención y un grave desprecio por la seguridad vial.
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No todos los casos de lesión cerebral conllevan una discapacidad permanente
El bufete Crosley Law es conocido porsu especialización en casos de traumatismo craneoencefálico. Dado que estas reclamaciones pueden implicar cuestiones médicas y jurídicas complejas, otros abogados suelen remitir los casos de traumatismo craneoencefálico a este bufete.
Taylor sufrió un traumatismo craneoencefálico leve en el accidente. Perdió el conocimiento brevemente en el lugar del siniestro y tuvo que ser examinada en el hospital.
Afortunadamente, se recuperó satisfactoriamente de los síntomas de su traumatismo craneal en unos tres meses.
No todas las personas que sufren una conmoción cerebral o un traumatismo craneoencefálico leve desarrollan un deterioro cognitivo permanente. Cada caso debe evaluarse en función de las pruebas médicas y de los síntomas reales del paciente.
Crosley Law no intentó convertir el caso de Taylor en una demanda por una lesión cerebral permanente inexistente. En cambio, el bufete se centró en las lesiones y pérdidas que seguían afectando a su vida.
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La lesión no desapareció cuando se curó la fractura
El tratamiento inicial de Taylor no fue quirúrgico. Utilizó muletas y una bota ortopédica mientras se curaba la fractura. Sin embargo, los efectos de la lesión persistieron.
Taylor sentía dolor al estar de pie, al caminar y al subir escaleras. Los informes de fisioterapia reflejaban limitaciones en actividades que le gustaban, como correr, saltar, practicar lucha libre, kickboxing, artes marciales y hacer ejercicio. Caminaba cojeando y sentía dolor y presión después de caminar. En ocasiones, estar de pie o caminar durante mucho tiempo le provocaba un dolor intenso.
Además, sufrió atrofia en las pantorrillas y los cuádriceps. Aunque la fisioterapia le ayudó, sus síntomas no desaparecieron por completo.
Más de un año después del accidente, Taylor solicitó una segunda opinión ortopédica porque seguía sintiendo dolor en la pierna. Las pruebas de imagen adicionales revelaron una fractura proximal del peroné que, aunque cicatrizada, presentaba una desalineación y una superposición, además de formación de callo, inflamación muscular y otros hallazgos.
Su cirujano ortopédico también le diagnosticó dos hernias fasciales grandes y dolorosas en la pierna. Finalmente, Taylor se sometió a una fasciotomía de cuatro compartimentos para tratar las hernias dolorosas y el síndrome compartimental inducido por el ejercicio.
La recuperación fue más larga y complicada de lo que sugería la oferta inicial de la compañía de seguros.
El accidente trastocó el último año de instituto de Taylor
Antes del accidente, Taylor era un deportista dedicado.
Practicaba la lucha libre a nivel competitivo y se esperaba que compitiera a nivel estatal durante su último año de instituto. También practicaba artes marciales, entre ellas el kickboxing.
Tras el accidente, ya no pudo hacer frente a las exigencias físicas de esas actividades. Se perdió la temporada deportiva de su último año de instituto y perdió la oportunidad de alcanzar los objetivos por los que había luchado durante años.
La lesión también afectó a su capacidad para trabajar. Tras el accidente, perdió su trabajo en Schlitterbahn debido a las limitaciones que le causaba la lesión en la pierna.

La lesión puso en peligro una tradición familiar de servicio militar
Taylor procedía de una familia de militares. Sus abuelos, padres y hermanos habían prestado servicio en el ejército. Ella tenía la intención de continuar con esa tradición.
Taylor tenía pensado apuntarse al ROTC en la universidad y esperaba conseguir una beca. Sin embargo, el ROTC exige a los participantes cumplir unos requisitos físicos muy exigentes. Su lesión en la pierna le impedía cumplir esos requisitos.
El accidente no solo trastocó las actividades extraescolares. Puso en peligro una oportunidad educativa y una trayectoria profesional para la que Taylor se había estado preparando durante años.
Elaboración de un modelo de indemnización basado en el futuro de Taylor
El equipo de Crosley Law se esforzó por demostrar el impacto total que tuvo la colisión en la vida de Taylor, recabando pruebas relativas a:
- El dolor crónico ylas limitaciones físicas de Taylor
- La fractura y la posterior necesidad de una fasciotomía de cuatro compartimentos
- Su dificultad para permanecer de pie durante mucho tiempo, caminar y subir escaleras
- Su imposibilidad de practicar la lucha libre a nivel competitivo durante su último año de instituto
- Su imposibilidad de seguir practicando artes marciales y otras actividades físicas exigentes
- La pérdida de la oportunidad de optar a una beca del ROTC
- El impacto de su lesión en la carrera militar que tenía prevista
- La pérdida de ingresos previstaa lo largo de su vida laboral
- El impacto emocional de perder oportunidades que habían marcado sus planes de futuro
Este trabajo fue fundamental, ya que las pérdidas más importantes de Taylor no podían resumirse en una pila de facturas médicas.
Su caso exigía un análisis minucioso de la vida que estaba construyendo antes del accidente y de las oportunidades que la lesión le había arrebatado.
Las facturas médicas no lo dicen todo
Las compañías de seguros suelen intentar valorar las reclamaciones por lesiones centrándose principalmente en los gastos médicos. Este enfoque puede infravalorar considerablemente un caso en el que se tienen en cuenta limitaciones duraderas, la pérdida de oportunidades, el daño emocional y las repercusiones a largo plazo en el futuro de una persona joven.
El caso de Taylor ilustra por qué las reclamaciones por lesiones graves deben evaluarse de forma individual.
La compañía de seguros le ofreció inicialmente solo 40 000 dólares. Pero las pérdidas de Taylor no podían cuantificarse únicamente en función de las facturas médicas. Su lesión afectó a su último año de instituto, a sus objetivos deportivos, a su capacidad para practicar artes marciales, a su oportunidad de optar a una beca del ROTC y a la carrera militar que tenía previsto seguir.

La diferencia que puede suponer una preparación minuciosa del caso
En colaboración con la abogada Madison Schultz, Tom Crosley dirigió una estrategia procesal que permitió reunir las pruebas de responsabilidad y cuantificar íntegramente los daños y perjuicios sufridos por Taylor.
Crosley Law presentó una demanda, contrató a los expertos adecuados, recabó pruebas de teléfonos móviles, localizó a testigos presenciales, analizó los registros de los semáforos, elaboró pruebas de reconstrucción del accidente, investigó el historial del demandado en las redes sociales y elaboró un modelo de daños y perjuicios que tenía en cuenta las oportunidades perdidas por Taylor y las pérdidas futuras previstas.
Ese trabajo cambió el resultado.
La oferta inicial de la compañía de seguros fue de solo 40 000 dólares. El acuerdo final ascendió a 1,25 millones de dólares.
El fallo le concedió a Taylor una indemnización adecuada por sus lesiones y reconoció las secuelas duraderas de un accidente que cambió el rumbo de su vida.
¿Accidente de coche? Llama a Crosley.
El valor de un caso de lesiones personales no siempre resulta evidente desde el principio. Las facturas médicas son solo una parte del asunto. Una investigación adecuada puede sacar a la luz pruebas que cambien la forma en que se entiende y se valora un caso.
Si ha resultado herido en un accidente de tráfico, Crosley Law puede investigar lo ocurrido, explicarle cuáles son sus opciones y luchar para que obtenga la indemnización que se merece.
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